
Hay amores que se cruzan como estrellas en la noche mas oscura. No se tocan, no se besan, ni siquiera se conocen; pero se miran como luces iguales, el egocentrismo se enciende como carburo. Sienten la compañía de compartir la órbita espacial del universo y recorren unos cuantos millones de años luz juntas. No tiene que decirlo ninguna de ellas, pueden hablar de cualquier tema, sus opiniones siempre son las mismas. Al comienzo es sorprendente, su velocidad idéntica, la exacta tonalidad de luz, el mismo centro y tal vez hasta el mismo origen. Debajo de su luz, justo debajo de la roca fundida; tenían el mismo corazón. Nunca se tomaron de la mano, a ninguno le pareció una buena idea hacerlo. Aunque disfrutaba de su compañía, de ser luz en la noche, del transito del universo; nunca nadie lo dijo. Era como si esperaran un momento inexistente. Pero las estrellas siempre tiene paciencia y dudas, muchisimas dudas. Era como querer a un reflejo del mar de Marte; como acompañar la soledad con uno mismo y pretender que las estrellas naturalmente aman; como si brillaran para encontrar otras
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